La enfermedad de Alzheimer junto con el deterioro cognitivo leve alcanzará dimensiones epidémicas en los países desarrollados en un futuro próximo. Datos de los Estados Unidos muestran que el número de afectados se multiplicará por 3 entre 2010 y 2050. La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad grave (devastadora) que perjudica la vida de los sujetos afectados y de sus familias. Por otra parte los Servicios Nacionales de Salud son sometidos a grandes esfuerzos para hacer frente a los gastos relacionados con la medicación  y la atención. A pesar de la intensa investigación en este campo, la disponibilidad de fármacos con potencial (útiles) para el tratamiento y prevención parece lejano en este momento.

Pero, ¿es esto realmente asi? ¿podemos tomar medidas efectivas frente a la enfermedad? Estudios epidemiológicos recientes y la nueva tecnología podría ser de ayuda.

En los últimos años, el impacto de la realización de ejercicio regular en la susceptibilidad de padecer Alzheimer ha sido discutido. Los datos, sin embargo, no son consistentes, debido posiblemente a que la medida del nivel de ejercicio por personas mayores está sometido a muchas inexactitudes. Por otra parte el ejercico en si no incluye el concepto general de actividad física, en lo que las actividades diarias se reflejan mejor. Las nuevas tecnologías en forma de los dispositivos capaces de rastrear toda actividad física ha revolucionado esta área. Un estudio prospectivo que ha seguido a 716 personas mayores sin demencia durante 4 años dentro del Proyecto the Rush Memory and Aging en los Estados Unidos. Los participantes fueron sometidos a una bacteria de 19 pruebas cognitivas. El ejercicio y la actividad física que no era ejercicio se registró de forma continua durante un máximo de 10 días con actigrafía, una tecnología desarrollada por Philips Healthcare. El impresionante resultado después de 4 años era que la actividad física diaria se asoció con una reducción de un 50% de incidentes de enfermedad de Alzheimer.

Esta información se suma a la gran cantidad de datos que implican a la actividad física en la reducción del impacto de otras enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, osteoporosis o el cáncer.

Esta conclusion encaja muy bien con la Asociación Europea de Innovación para el Envejecimiento Activo y Saludable European Innovation Partnership for Active and Healthy Aging (EIP-AHA) puesto en marcha por la Comisión Europea. Varios grupos de toda Europa están desarrollando alternativas con compromisos que garantizan el cumplimiento de programas de actividad física.

En la cohorte de reducción de la dolencia crónica después de la Menopausia (CARMEN) en Valencia, España, sen están introduciendo nuevas tecnologías basadas en internet y dispositivos electrónicos para extender el uso de la actividad física.

Esta cohorte se concentra en  mujeres que experimentan un perfil específico en la susceptibilidad de enfermedades  incluyendo enfermedad de Alzheimer. Por otra parte el reclutamiento de participantes a través de asociaciones de mujeres sin ánimo de lucro, junto con intereses de la Municipalidad está desarrollando una red social de apoyo mutuo que puede llegar a ser sostenible coste-efectividad.

También hay muchos subgrupos dentro del subgrupo de deterioro cognitivo de A3-Frailty en EIP-AHA. Estos Estan representados por Académicos, Servicios Públicos de Salud, Institutos de Investigación y pymes en una iniciativa con el objetivo de extender la práctica de medidas preventivas eficaces y avanzar en el mayor conocimiento de la enfermedad.

El Parlamento Europeo podría ayudar mediante la promoción de cambios legislativos  ayudando a aquellas unidades en la sociedad que son sensibles a este problema y han demostrado su motivación y versatilidad suficiente. La rentabilidad es otra característica en parte debido a la implicación frecuente de voluntarios. Sin embargo, estos movimientos se pueden encontrar a lo largo de los Países Europeos.

* Buchman AS, Boyle PA, Yu L, Shah RC, Wilson RS, Bennett DA. Total daily physical activity and the risk of AD and cognitive decline in older adults. Neurology; 78:1323-9.